Jueves
22 de Agosto
En la mansión del difunto Sr.
Nieves, Blanca se alistaba para otra semana de escuela. Se puso su blusa blanca
de manga corta, encima de ésta un chaleco morado tejido, seguido se puso unos
pantalones de un color violeta grisáceo, y de calzado unos sencillos zapatos
color café. Sí, quizás la descripción del atuendo no es visualizado como lo más
atractivo en cuanto a moda se refiere, pero era por su madrastra que ella
estaba obligada a usar eso. La viuda Grimhilde se limitaba a comprarle a su
hijastra lo más básico y sencillo, mientras que ella tenía en su guardarropa lo
último en tendencia: ropa, joyas, zapatos, maquillaje y perfumes de marcas
famosas no faltaban en su colección. Pero a Blanca no le parecía importarle todo aquello.
Volviendo con ella, después
de vestirse se dirigió al espejo, tomó un cepillo y le dio una pasada rápida a
su corto y semi-ondulado cabello, negro como el ébano. Como toque final, se
puso una diadema azul rey, que era el único accesorio llamativo en todo su
atuendo y opacaba aunque fuera un poco los tonos serios y tristes. Seguido de eso tomó su bolsa
que asemejaba a la maleta de un cartero, salió de su diminuto cuarto y bajó las
escaleras principales de la mansión. Al salir de la casa y cerrar el portón, se
percató de que un auto negro estaba estacionado al otro lado de la calle, y el
chofer parecía esperar a alguien. “Tal
vez sea un compañero de trabajo de mi madrastra”, solía pensar Blanca, aunque
desconociera dónde y en qué trabajaba Mabel. Pero esa inocencia característica
de ella no podría durar por mucho tiempo.
Antes de llegar a más
conclusiones, el zaguán de la casa contigua a la suya se abrió y de ella salió
una chica de cabello rubio oscuro, ojos color cielo y de tez blanca. Vestía
unos pantalones café claros, un top blanco y encima de éste una blusa café
oscura con mangas medianas color aqua. Blanca la reconoció al instante.
- ¡Hola Cindy!
- ¡Hola! – Blanca alcanzó a
su amiga y juntas partieron como cada semana a su escuela, la WED.
La Academia Walter Elías
Disney, que es mejor conocida por todos como la WED, es un colegio muy antiguo
fundado en los años 30, y es la escuela más famosa de Lillianstown y en general
en todo el estado independiente de Nortmadis.
Lillianstown es una ciudad
hallada en un valle extenso en el centro de Nortmadis. Acogedora y que como
dato curioso, si dividimos a la población en círculos centrados, en el círculo
central encontraríamos la zona rica, comercial y cultural; el siguiente círculo
pertenece a la clase media y el último a
la clase baja, aunque ésta última se dice que se divide en dos hemisferios, ya
que en el norte es el lugar favorito de varios criminales, estafadores y
ladrones; mientras que el sur uno se puede encontrar con la gente más sencilla
y humilde, pero honrada.
En cualquier caso, la WED es
una escuela privada, y van a encontrar entre la mayoría de los estudiantes a
jóvenes ricos, hijos de grandes políticos, comerciantes, empresarios,
celebridades, entre otros; y en cuanto a los demás, es posible que hayan sido
admitidos con ayuda de las becas que proporciona la escuela.
Antes de llegar a la escuela,
a Cindy y a Blanca les gustaba cruzar un pequeño jardín que se encontraba en la
glorieta cercana al instituto. En el centro de ésta se hallaba un viejo pozo, que
para mucha gente era considerado mágico por su tarea de realizar deseos.
Ésta es sola una de las tantas historias que se cuentan en Nortmadis.
- ¿Qué
tal si experimentamos con el pozo?- dijo Cindy a Blanca cuando se acercaron al
objeto de piedra.
- ¿Quieres
comprobar qué tan cierto es el mito?
- Claro,
es chistoso que siempre pasamos por aquí y nunca hemos hecho la tradición de
pedir un deseo.
- No
hace mal en intentar.
Apoyaron sus manos en la boca
del pozo y la costumbre es decir en voz alta tu deseo, y si el eco lo repite
quiere decir que hay mucha posibilidad de que se cumpla.
- ¿Quién
comienza?
- Si
quieres hazlo tú primero Cindy
- OK-
miró hacia el interior y agachó ligeramente la cabeza a la vez que pronunció su
deseo. – Deseo ser libre muy pronto.- En eso se escuchó una serie de ecos leves
y Cindy esbozó una pequeña sonrisa, deseando que fuera verdad la leyenda del
pozo. – Es tu turno.
Blanca repitió las mismas
acciones que su amiga, pero cuando llegó el momento de decir el deseo la chica
lo susurró y titubeaba.
- Blanca,
el pozo no servirá si no hablas más fuerte.
- Perdón,
pero mi deseo es un secreto y no quiero que todos lo oigan.
- Creo
saber “quien” es ese deseo, quieres que Fernando declare su amor hacia ti ¿no?-
ante esto último, Blanca se sonrojó y ocultó sus mejillas detrás de las palmas
de sus manos.
- ¡Lo sabía!
- Por
favor no hables tan alto
- ¿Pero estoy en lo cierto?
- Quizá
La campana de la WED comenzó
a repiquetear en ese momento, anunciando que los alumnos solo tenían cinco
minutos para entrar a sus clases. Las jóvenes decidieron dejar el tema por el
momento y cruzaron la glorieta y una vez adentro del instituto cada una se
dirigió a sus respectivos salones.
El día pareció bastante
normal para Blanca, o por el momento lo parecía. Durante el primer receso después
de las 2 primeras clases se encontraba en su casillero guardando sus libros de
Historia y Matemáticas. En el casillero de al lado se encontraba Cindy metiendo
en su mochila su libro y su cuaderno de Civismo y Leyes.
- Entonces,-
inició la conversación Blanca -¿qué hiciste ayer después de la escuela?
-
Sólo
te diré una cosa,- respondió su amiga seriamente, recordando los exasperantes
sucesos del día anterior en su hogar – agradece que no tienes hermanastras que
te hagan la vida miserable.
-
¿Ahora
qué han hecho?
-
Quisiera
por el momento no recordarlo- Hubo un breve silencio y después Cindy dio un
profundo suspiro y posteriormente reanudó la conversación - Cuando se me haya
pasado el coraje te lo contaré detalladamente, ¿ok?
-
Está
bien, si es eso lo que deseas.- contestó Blanca.
Seguido de meter en sus mochilas el
material para las siguientes clases y cerrar sus casilleros, las chicas se disponían
a ir al patio principal cuando por la puerta al fondo del pasillo que conectaba
con el patio de la escuela, entró un apuesto joven de cabello y ojos castaños. Era
nada menos que…
-
Fernando-
Blanca detuvo súbitamente el paso al ver al chico que tanto adoraba, pero eso
no evitó que el joven se fuera acercando al par. Estaba a punto de retroceder
como lo había hecho los últimos días, hasta que Cindy la sostuvo del antebrazo
derecho.
-
Esta
vez no Blanquita.- le susurró.
-
Cindy,
¿qué crees que haces?- susurró la chica de labios rojos, intentando zafarse
sutilmente del agarre.
-
Blanquita,
has estado enamorada de Fernando Harrinston desde que se mudó a nuestro
vecindario. Ustedes son buenos amigos y se nota que a él también le gustas tú.
Creo que los 2 merecen el siguiente paso y por lo tanto te ordeno que te quedes
aquí y que actúes normal.
Finalmente la soltó justo cuando Fernando se
encontraba a medio metro de ellas, éste traía en su mano una hoja de cuaderno
doblada 2 veces a la mitad.
-
Hola
Blanca, hola Cindy
-
Hola
Fernando- saludó Cindy – Disculpen que los deje solos, pero me acordé que Tiana
y yo tenemos que acabar una tarea. Nos vemos en el patio- dijo mientras
caminaba hacia el final del pasillo. “¡Cindy! ¡Por favor no me dejes sola!”
quería gritar Blanca, pero no enfrente de Fernando. Lo único que podía hacer era
seguirla, y estaba dispuesta a hacerlo. Pero…
-
Espera
Blanca- la detuvo Fernando, y Blanca nerviosa obedeció –es justo a ti a quien
buscaba.
-
¿Ah sí?-
preguntó con la cabeza un poco baja, sonrojada, y encogida de los hombros, sin
poder controlar la mezcla de ansiedad y nerviosismo al tener a su príncipe
enfrente de ella.
-
Sí. Oye,
quiero decirte que últimamente cuando intento acercarme a ti tú te alejas de
una u otra manera, ¿por qué?- Blanca no se atrevía a contarle la verdad, si tan
sólo para ella fuera fácil decir “la razón por la que me alejo es porque descubrí
que me gustas y cada vez que te veo siento que me derrito y no soy capaz de
verte a los ojos, y no desearía que por todo esto me perdieras como amiga” -¿Acaso
te aborrezco?- interrumpió sus
pensamientos Fernando.
-
¡No!
No es eso… es sólo que… bueno… - la joven se quedó sin palabras de nueva
cuenta…
-
No te
preocupes- Quebrantó el silencio el joven de cabello castaño –si quieres no es
necesario que me lo digas ahora, pero quiero darte esto- Y le entregó
gentilmente el papel doblado – Cuando tengas tiempo por favor léelo, y después
me dices tu respuesta.
-
S-sí,
de acuerdo.
-
Bien,
entonces después te veo- y ambos tomaron direcciones opuestas.
Una vez en el patio Blanca se
sentó en una de las mesas de piedra donde Cindy la esperaba, quien obviamente
no se encontraba con Tiana haciendo los deberes.
-
¿Ý?
¿Qué pasó allá tortolita?
-
Oh
basta, no pasó nada, sólo dijo que me buscaba y me entregó esta hoja.
-
¿Y qué
esperas para leerla? De seguro es una confesión de amor escrita
Y así fue. La chica de los
cabellos oscuros fue desdoblando la hoja nerviosa por saber su contenido, quizá
una confesión como había dicho Cindy, o tal vez un dibujo, ya que después de
todo Fernando era un amante de las artes; o también podía tener escrito en
letras gigantes “¿Quieres ser mi novia?”. Pero no. Era algo aún más bello. Una
canción, escrita por el puño y letra del mismísimo Fernando:
Es solo para tí
Mi canción de amor.
Canto
Para ofrendarte
Todo mi corazón.
Yo estoy enamorado
De tu belleza,
De tu candor.
Amor hecho ternura,
Amor hecho pasión.
Amor hecho dulzura
Te ofrece mi corazón
Mi canción de amor.
Canto
Para ofrendarte
Todo mi corazón.
Yo estoy enamorado
De tu belleza,
De tu candor.
Amor hecho ternura,
Amor hecho pasión.
Amor hecho dulzura
Te ofrece mi corazón
Seguido, se encontraba lo
siguiente:
Y mi pregunta es ésta:
¿Quieres que seamos más que
simples conocidos? ¿Más que simples amigos?
Blanca se quedó sin palabras,
el rubor en sus mejillas se intensificaba cada vez más y su mente gritaba
“¡Sí!”. Ni se dio cuenta del momento en que su amiga le había arrebatado el
papel para ver qué había provocado tal reacción.
-
¡Oh
por Dios! ¡Es mucho más lindo de lo que yo pensaba! - dijo Cindy mientras se tapaba
la mano que no sostenía la carta. Posteriormente soltó una ligera risa – Creo que
al final, aunque no hayas cumplido con el reglamento oficial del pozo, éste
cumplió tu deseo.
En ese momento la campana de
la escuela sonó.
Otro día había pasado en la
WED, y todos los alumnos y maestros se marchaban de regreso a sus hogares. Blanca
no se había vuelto a encontrar con Fernando desde la confesión redactada de amor.
Junto con Cindy caminaban de regreso a sus hogares mientras charlaban, pero la
chica rubia se dio cuenta de que algo inquietaba a su compañera.
-
Talvez
te encuentres con Fernando afuera de tu casa, tienes ventaja de que seamos
vecinos los tres - dijo Cindy tratando de animar a Blanca.
-
No me
preocupa que no lo haya visto, sino que voy a hacer si digo que sí. Cuando me
preguntó que si quería ser su novia en esa canción yo estaba tan emocionada,
pero jamás pensé en las consecuencias. Si alguna vez me pide una cita mi
madrastra jamás me dejaría salir de casa. Creo que sólo nos podremos comunicar en
la escuela y a través del hueco en la barda de mi jardín, como siempre ha sido.
Bastó con la palabra
“madrastra” para que Cindy se quedara pensativa por varios segundos y después
soltó la pregunta que siempre le quiso hacer a su amiga, que aparentemente vivía
en las mismas condiciones que ella:
-
¿No te
cansas de que tu madrastra controle tu vida?
-
¿A qué
te refieres?
-
No
seas tan inocente Blanquita. Míranos a ambas, mira cómo no nos dejan hacer lo
que queramos. Últimamente he pensado que mi vida ha sido una jaula desde que no
tengo a mis padres.
-
Pues,
quizás tengas un poco de razón en lo que dices. Pero yo no creo que sean tan crueles,
después de todo seguimos yendo a la escuela y no nos han arrojado a la calle. Y
va a existir un momento en que finalmente podamos salir de esta situación. Tú
eres la que normalmente dice eso.
-
Sí,
pero hay veces en que quiero que eso ocurra ya. Hay veces en que ya no aguanto
a la que tengo que llamar mi familia. Por eso le pedí al pozo ese deseo.
-
No te
preocupes, en medio mes cumplirás 18 años y podrás tomar tus propias decisiones
sin la intervención de nadie.
Caminaron unos segundos más y finalmente
llegaron a su destino. Se pararon enfrente de la mansión de las Tremaine,
anteriormente de los Dorado, hogar de Cindy. Antes de que ella abriera el
portón de barrotes de hierro, se volteó hacia su amiga…
-
Otra
cosa Blanquita
-
¿Qué
pasó Cindy?
-
Prométeme que el día en que cumpla 18 y compre
un departamento tú vendrás conmigo,
-
¿Qué? Pero
eso es imposible, la Ley no lo permitiría.
-
Entonces
tendrás que huir conmigo. Vamos, para que ambas seamos felices y podremos
comenzar nuevas vidas. Ni la Ley ni madrasta alguna me intimidará.
Blanca
lo pensó por unos segundos y luego respondió con una voz un poco apagada y
dudosa…
-
Está
bien, lo prometo.- Y sellaron el pacto con los meñiques enlazados. - ¿Amigas
para siempre?
Amigas para siempre.
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