viernes, 17 de julio de 2015

I. El Pozo Milagroso

Jueves 22 de Agosto

En la mansión del difunto Sr. Nieves, Blanca se alistaba para otra semana de escuela. Se puso su blusa blanca de manga corta, encima de ésta un chaleco morado tejido, seguido se puso unos pantalones de un color violeta grisáceo, y de calzado unos sencillos zapatos color café. Sí, quizás la descripción del atuendo no es visualizado como lo más atractivo en cuanto a moda se refiere, pero era por su madrastra que ella estaba obligada a usar eso. La viuda Grimhilde se limitaba a comprarle a su hijastra lo más básico y sencillo, mientras que ella tenía en su guardarropa lo último en tendencia: ropa, joyas, zapatos, maquillaje y perfumes de marcas famosas no faltaban en su colección. Pero a Blanca no le parecía importarle todo aquello.

Volviendo con ella, después de vestirse se dirigió al espejo, tomó un cepillo y le dio una pasada rápida a su corto y semi-ondulado cabello, negro como el ébano. Como toque final, se puso una diadema azul rey, que era el único accesorio llamativo en todo su atuendo y opacaba aunque fuera un poco los tonos serios y tristes. Seguido de eso tomó su bolsa que asemejaba a la maleta de un cartero, salió de su diminuto cuarto y bajó las escaleras principales de la mansión. Al salir de la casa y cerrar el portón, se percató de que un auto negro estaba estacionado al otro lado de la calle, y el chofer parecía esperar a alguien.  “Tal vez sea un compañero de trabajo de mi madrastra”, solía pensar Blanca, aunque desconociera dónde y en qué trabajaba Mabel. Pero esa inocencia característica de ella no podría durar por mucho tiempo.

Antes de llegar a más conclusiones, el zaguán de la casa contigua a la suya se abrió y de ella salió una chica de cabello rubio oscuro, ojos color cielo y de tez blanca. Vestía unos pantalones café claros, un top blanco y encima de éste una blusa café oscura con mangas medianas color aqua. Blanca la reconoció al instante.


- ¡Hola Cindy!
- ¡Hola! – Blanca alcanzó a su amiga y juntas partieron como cada semana a su escuela, la WED.   

La Academia Walter Elías Disney, que es mejor conocida por todos como la WED, es un colegio muy antiguo fundado en los años 30, y es la escuela más famosa de Lillianstown y en general en todo el estado independiente de Nortmadis.

Lillianstown es una ciudad hallada en un valle extenso en el centro de Nortmadis. Acogedora y que como dato curioso, si dividimos a la población en círculos centrados, en el círculo central encontraríamos la zona rica, comercial y cultural; el siguiente círculo pertenece a la clase media  y el último a la clase baja, aunque ésta última se dice que se divide en dos hemisferios, ya que en el norte es el lugar favorito de varios criminales, estafadores y ladrones; mientras que el sur uno se puede encontrar con la gente más sencilla y humilde, pero honrada.

En cualquier caso, la WED es una escuela privada, y van a encontrar entre la mayoría de los estudiantes a jóvenes ricos, hijos de grandes políticos, comerciantes, empresarios, celebridades, entre otros; y en cuanto a los demás, es posible que hayan sido admitidos con ayuda de las becas que proporciona la escuela.
 
Antes de llegar a la escuela, a Cindy y a Blanca les gustaba cruzar un pequeño jardín que se encontraba en la glorieta cercana al instituto. En el centro de ésta se hallaba un viejo pozo, que para mucha gente era considerado mágico por su tarea de realizar deseos. Ésta es sola una de las tantas historias que se cuentan en Nortmadis.

-        ¿Qué tal si experimentamos con el pozo?- dijo Cindy a Blanca cuando se acercaron al objeto de piedra.
-         ¿Quieres comprobar qué tan cierto es el mito?
-        Claro, es chistoso que siempre pasamos por aquí y nunca hemos hecho la tradición de pedir un deseo.
-       No hace mal en intentar.

Apoyaron sus manos en la boca del pozo y la costumbre es decir en voz alta tu deseo, y si el eco lo repite quiere decir que hay mucha posibilidad de que se cumpla.

-        ¿Quién comienza?
-       Si quieres hazlo tú primero Cindy
-       OK- miró hacia el interior y agachó ligeramente la cabeza a la vez que pronunció su deseo. – Deseo ser libre muy pronto.- En eso se escuchó una serie de ecos leves y Cindy esbozó una pequeña sonrisa, deseando que fuera verdad la leyenda del pozo. – Es tu turno.
Blanca repitió las mismas acciones que su amiga, pero cuando llegó el momento de decir el deseo la chica lo susurró y titubeaba.
-        Blanca, el pozo no servirá si no hablas más fuerte.
-         Perdón, pero mi deseo es un secreto y no quiero que todos lo oigan.
-        Creo saber “quien” es ese deseo, quieres que Fernando declare su amor hacia ti ¿no?- ante esto último, Blanca se sonrojó y ocultó sus mejillas detrás de las palmas de sus manos.
-         ¡Lo sabía!
-          Por favor no hables tan alto
-         ¿Pero estoy en lo cierto?
-         Quizá

La campana de la WED comenzó a repiquetear en ese momento, anunciando que los alumnos solo tenían cinco minutos para entrar a sus clases. Las jóvenes decidieron dejar el tema por el momento y cruzaron la glorieta y una vez adentro del instituto cada una se dirigió a sus respectivos salones.

El día pareció bastante normal para Blanca, o por el momento lo parecía. Durante el primer receso después de las 2 primeras clases se encontraba en su casillero guardando sus libros de Historia y Matemáticas. En el casillero de al lado se encontraba Cindy metiendo en su mochila su libro y su cuaderno de Civismo y Leyes.

Entonces,- inició la conversación Blanca -¿qué hiciste ayer después de la escuela?
-         Sólo te diré una cosa,- respondió su amiga seriamente, recordando los exasperantes sucesos del día anterior en su hogar – agradece que no tienes hermanastras que te hagan la vida miserable.
-         ¿Ahora qué han hecho?
-         Quisiera por el momento no recordarlo- Hubo un breve silencio y después Cindy dio un profundo suspiro y posteriormente reanudó la conversación - Cuando se me haya pasado el coraje te lo contaré detalladamente, ¿ok?
-         Está bien, si es eso lo que deseas.- contestó Blanca.

Seguido de meter en sus mochilas el material para las siguientes clases y cerrar sus casilleros, las chicas se disponían a ir al patio principal cuando por la puerta al fondo del pasillo que conectaba con el patio de la escuela, entró un apuesto joven de cabello y ojos castaños. Era nada menos que…

-         Fernando- Blanca detuvo súbitamente el paso al ver al chico que tanto adoraba, pero eso no evitó que el joven se fuera acercando al par. Estaba a punto de retroceder como lo había hecho los últimos días, hasta que Cindy la sostuvo del antebrazo derecho.
-         Esta vez no Blanquita.- le susurró.
-         Cindy, ¿qué crees que haces?- susurró la chica de labios rojos, intentando zafarse sutilmente del agarre.
-         Blanquita, has estado enamorada de Fernando Harrinston desde que se mudó a nuestro vecindario. Ustedes son buenos amigos y se nota que a él también le gustas tú. Creo que los 2 merecen el siguiente paso y por lo tanto te ordeno que te quedes aquí y que actúes normal.

Finalmente la soltó justo cuando Fernando se encontraba a medio metro de ellas, éste traía en su mano una hoja de cuaderno doblada 2 veces a la mitad.

-         Hola Blanca, hola Cindy
-         Hola Fernando- saludó Cindy – Disculpen que los deje solos, pero me acordé que Tiana y yo tenemos que acabar una tarea. Nos vemos en el patio- dijo mientras caminaba hacia el final del pasillo. “¡Cindy! ¡Por favor no me dejes sola!” quería gritar Blanca, pero no enfrente de Fernando. Lo único que podía hacer era seguirla, y estaba dispuesta a hacerlo. Pero…
-         Espera Blanca- la detuvo Fernando, y Blanca nerviosa obedeció –es justo a ti a quien buscaba.
-         ¿Ah sí?- preguntó con la cabeza un poco baja, sonrojada, y encogida de los hombros, sin poder controlar la mezcla de ansiedad y nerviosismo al tener a su príncipe enfrente de ella.
-         Sí. Oye, quiero decirte que últimamente cuando intento acercarme a ti tú te alejas de una u otra manera, ¿por qué?- Blanca no se atrevía a contarle la verdad, si tan sólo para ella fuera fácil decir “la razón por la que me alejo es porque descubrí que me gustas y cada vez que te veo siento que me derrito y no soy capaz de verte a los ojos, y no desearía que por todo esto me perdieras como amiga” -¿Acaso te aborrezco?-  interrumpió sus pensamientos Fernando.
-         ¡No! No es eso… es sólo que… bueno… - la joven se quedó sin palabras de nueva cuenta…
-         No te preocupes- Quebrantó el silencio el joven de cabello castaño –si quieres no es necesario que me lo digas ahora, pero quiero darte esto- Y le entregó gentilmente el papel doblado – Cuando tengas tiempo por favor léelo, y después me dices tu respuesta.
-         S-sí, de acuerdo.
-         Bien, entonces después te veo- y ambos tomaron direcciones opuestas.

Una vez en el patio Blanca se sentó en una de las mesas de piedra donde Cindy la esperaba, quien obviamente no se encontraba con Tiana haciendo los deberes.
-         ¿Ý? ¿Qué pasó allá tortolita?
-         Oh basta, no pasó nada, sólo dijo que me buscaba y me entregó esta hoja.
-         ¿Y qué esperas para leerla? De seguro es una confesión de amor escrita

Y así fue. La chica de los cabellos oscuros fue desdoblando la hoja nerviosa por saber su contenido, quizá una confesión como había dicho Cindy, o tal vez un dibujo, ya que después de todo Fernando era un amante de las artes; o también podía tener escrito en letras gigantes “¿Quieres ser mi novia?”. Pero no. Era algo aún más bello. Una canción, escrita por el puño y letra del mismísimo Fernando:

Es solo para tí
Mi canción de amor.

Canto
Para ofrendarte
Todo mi corazón.

Yo estoy enamorado
De tu belleza,
De tu candor.

Amor hecho ternura,
Amor hecho pasión.

Amor hecho dulzura
Te ofrece mi corazón

Seguido, se encontraba lo siguiente:

Y mi pregunta es ésta:
¿Quieres que seamos más que simples conocidos? ¿Más que simples amigos?

Blanca se quedó sin palabras, el rubor en sus mejillas se intensificaba cada vez más y su mente gritaba “¡Sí!”. Ni se dio cuenta del momento en que su amiga le había arrebatado el papel para ver qué había provocado tal reacción.
-         ¡Oh por Dios! ¡Es mucho más lindo de lo que yo pensaba! - dijo Cindy mientras se tapaba la mano que no sostenía la carta. Posteriormente soltó una ligera risa – Creo que al final, aunque no hayas cumplido con el reglamento oficial del pozo, éste cumplió tu deseo.
En ese momento la campana de la escuela sonó.

Otro día había pasado en la WED, y todos los alumnos y maestros se marchaban de regreso a sus hogares. Blanca no se había vuelto a encontrar con Fernando desde la confesión redactada de amor. Junto con Cindy caminaban de regreso a sus hogares mientras charlaban, pero la chica rubia se dio cuenta de que algo inquietaba a su compañera.
-         Talvez te encuentres con Fernando afuera de tu casa, tienes ventaja de que seamos vecinos los tres - dijo Cindy tratando de animar a Blanca.
-         No me preocupa que no lo haya visto, sino que voy a hacer si digo que sí. Cuando me preguntó que si quería ser su novia en esa canción yo estaba tan emocionada, pero jamás pensé en las consecuencias. Si alguna vez me pide una cita mi madrastra jamás me dejaría salir de casa. Creo que sólo nos podremos comunicar en la escuela y a través del hueco en la barda de mi jardín, como siempre ha sido.

Bastó con la palabra “madrastra” para que Cindy se quedara pensativa por varios segundos y después soltó la pregunta que siempre le quiso hacer a su amiga, que aparentemente vivía en las mismas condiciones que ella:
-         ¿No te cansas de que tu madrastra controle tu vida?
-         ¿A qué te refieres?
-         No seas tan inocente Blanquita. Míranos a ambas, mira cómo no nos dejan hacer lo que queramos. Últimamente he pensado que mi vida ha sido una jaula desde que no tengo a mis padres.
-         Pues, quizás tengas un poco de razón en lo que dices. Pero yo no creo que sean tan crueles, después de todo seguimos yendo a la escuela y no nos han arrojado a la calle. Y va a existir un momento en que finalmente podamos salir de esta situación. Tú eres la que normalmente dice eso.
-         Sí, pero hay veces en que quiero que eso ocurra ya. Hay veces en que ya no aguanto a la que tengo que llamar mi familia. Por eso le pedí al pozo ese deseo.
-         No te preocupes, en medio mes cumplirás 18 años y podrás tomar tus propias decisiones sin la intervención de nadie.

Caminaron unos segundos más y finalmente llegaron a su destino. Se pararon enfrente de la mansión de las Tremaine, anteriormente de los Dorado, hogar de Cindy. Antes de que ella abriera el portón de barrotes de hierro, se volteó hacia su amiga…

-         Otra cosa Blanquita
-         ¿Qué pasó Cindy?
-          Prométeme que el día en que cumpla 18 y compre un departamento tú vendrás conmigo,
-         ¿Qué? Pero eso es imposible, la Ley no lo permitiría.
-         Entonces tendrás que huir conmigo. Vamos, para que ambas seamos felices y podremos comenzar nuevas vidas. Ni la Ley ni madrasta alguna me intimidará.
Blanca lo pensó por unos segundos y luego respondió con una voz un poco apagada y dudosa…
-         Está bien, lo prometo.- Y sellaron el pacto con los meñiques enlazados. - ¿Amigas para siempre?
Amigas para siempre.



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