Jueves
22 de Agosto
En la mansión del difunto Sr.
Nieves, Blanca se alistaba para otra semana de escuela. Se puso su blusa blanca
de manga corta, encima de ésta un chaleco morado tejido, seguido se puso unos
pantalones de un color violeta grisáceo, y de calzado unos sencillos zapatos
color café. Sí, quizás la descripción del atuendo no es visualizado como lo más
atractivo en cuanto a moda se refiere, pero era por su madrastra que ella
estaba obligada a usar eso. La viuda Grimhilde se limitaba a comprarle a su
hijastra lo más básico y sencillo, mientras que ella tenía en su guardarropa lo
último en tendencia: ropa, joyas, zapatos, maquillaje y perfumes de marcas
famosas no faltaban en su colección. Pero a Blanca no le parecía importarle todo aquello.
Volviendo con ella, después
de vestirse se dirigió al espejo, tomó un cepillo y le dio una pasada rápida a
su corto y semi-ondulado cabello, negro como el ébano. Como toque final, se
puso una diadema azul rey, que era el único accesorio llamativo en todo su
atuendo y opacaba aunque fuera un poco los tonos serios y tristes. Seguido de eso tomó su bolsa
que asemejaba a la maleta de un cartero, salió de su diminuto cuarto y bajó las
escaleras principales de la mansión. Al salir de la casa y cerrar el portón, se
percató de que un auto negro estaba estacionado al otro lado de la calle, y el
chofer parecía esperar a alguien. “Tal
vez sea un compañero de trabajo de mi madrastra”, solía pensar Blanca, aunque
desconociera dónde y en qué trabajaba Mabel. Pero esa inocencia característica
de ella no podría durar por mucho tiempo.
